lunes, 9 de julio de 2012

todo lo que fortalece, duele... ¡Dios no prueba a las almas inútiles!


Para desarrollar el carácter, el hombre imperfecto necesita el estimulo y la disciplina de un ambiente en desarrollotodavía no perfeccionado, un mundo de luchas y resistencia: obstáculos que vencer, batallas que ganar, problemas desconcertantes que resolver. Él necesita, no un mundo suave de holgura que lo arrulle hasta dormirlo, sino un ambiente cambiante de acción y reacciónfrío y calor, verano e invierno, sol y sombre, luz y oscuridad, placer y dolor, prosperidad y adversidad.
Como dice el doctor Hillis: el que pide que se le quite el sufrimiento quitaría el invierno de las estaciones, la gloria de la noche del ciclo de veinticuatro horas, las nubes y los temporales del verano, sacaría las arrugas del rostro de Lincoln, despojaría a Sócrates de su dignidad y majestad, haría de San Pablo un mero sentimiento estético, robaría la dulzura de la maternidad, robaría al Varón de dolores de su santidad.
Cuando la niñita le dijo a su maestro de música que le dolían los dedos cuando practicaba el piano, el maestro respondió: "Yo se que duele, pero también los fortalece." Entonces la niña encerró la filosofía  de las edades en su respuesta: "Maestro, parece que todo lo que fortalece, duele."

¡Dios nunca desperdicia el dolor de sus hijos!

A quienes Dios confía la tristeza, ama mucho, y les prepara algún enriquecimiento precioso que viene únicamente a través del canal del sufrimiento.
Hay cosas que ni siquiera Dios mismo puede hacer por nosotros, a menos que nos permita sufrir. Él no puede obtener el resultado del proceso sin el proceso mismo.
Si usted figura entre "los que aman a Dios", ¡todas las cosas son suyas! Las estrellas en su trayectoria luchan por usted. Todos los vientos que soplan no hacen sino hinchar sus velas.

¡Dios no prueba a las almas inútiles! 

Extraido del libro devocional Manantiales en el desierto.

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