Tenemos que proyectarnos para alcanzar nuestra meta. Como el atleta que corre, no podemos mirar atrás porque así nunca alcanzaremos la meta.
La fe y la esperanza que tengamos ahora nos proyectará hacia adelante, digamos entonces: "Si Dios con nosotros, ¿quién contra nosotros?". Aunque tengamos muchas batallas perdidas en el pasado, todavía no se ha perdido la guerra. La meta todavía no la hemos alcanzado, pero la carrera no ha terminado, ¡Sigamos adelante!
La vida que honra a Dios es la de aquel que lucha contra el mundo, la carne y el diablo y vence en el nombre de Jesús, pues por su sangre derramada nosotros obtendremos la victoria, y la gloria será para Jesús. Después de todo, puedes decir junto conmigo: -¡Lo mejor viene por delante!-
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